Sacó de la bolsa un pan duro del día de ayer y se lo comió a regañadientes.
Mientras revisaba los mensajes no leídos recordó que se había prometido a sí mismo salir a trotar esa mañana, pero luego pensó que, en realidad, su cuerpo necesitaba descansar en razón del gran ajetreo de los últimos días. Además era pleno invierno, por lo que quedaban muchos días para que llegara el verano, entonces no había urgencia de marcar la musculatura de las piernas. Terminó de comer, dejó su celular arriba de la mesa y fue a su habitación a estudiar para el examen de microeconomía que rendiría el día de mañana, el último del quinto semestre.
El pan lo compró ayer, tiempo suficiente para que se endureciera.
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