El arroz se cocía en la olla, con una leve esperanza de que esta vez no quedara húmedo. Porque aunque trató de ser cauteloso con las medidas, no se había implicado en ello.
Para qué, si no quiere ser chef.
Pero esta vez fue distinto, quería resguardar con mayor dedicación la forma en que lo hacía. Porque ahora era una forma de comunicar.
¡Qué lindo es cocinar para dos!