martes, 24 de abril de 2012

Los almacenes de barrio: familiaridad y confianza

El tema de los almacenes ha sido algo que me ha llamado siempre la atención. De hecho, debo confesar que me di cuenta que quizá sociología era mi área cuando me encontré pensando sobre el asunto, hace ya algunos años. Es más, pensaba ingenuamente en hacer mi tesis al respecto, pero bueno, no lo hice porque no sé si hubiera dado para hacer algo así y poque donde estudié tampoco había que hacer tesis, aunque un par de trabajos hice.

Los almacenes de barrio son especiales en sí mismos por varias razones. En una sociedad urbana que creientemente intenta modernizarse, muchas estructuras, instituciones, espacios, van cambiando hasta el punto de muchas de ellas desaparecer o sufrir grandes modificaciones. Sin embargo, los almacenes son unos de esos espacios que, me atrevería a decir, se mantienen casi intactos con el transcurso de las décadas, y que se mantienen vivos demostrando que el ser humano no actúa como un  homo economicus, en la medida que, en general, comprar en este tipo de negocios resulta menos rentable que en los grandes comercios. Y es que en ellos se dan ciertas dinámicas propias de una comunidad, una sociedad tradicional o un pueblo, como quieran llamarlo (no voy a entrar en detalles sociológicos lateros) y que la gente atesora.

Por ejemplo, se dan relaciones de cercanía  y amistad, la personas concurren al almacén no solamente a comprar, sino tambien para conversar con quien atiende, entablar una conversación y, en ocasiones, encontrarse con vecinos. El almacén, entonces, surge como un punto de encuentro donde las personas interactúan más allá de lo económico.

Por otro lado, aparece el fiado como la expresión máxima de una confianza existente en este espacio, pues se establece una relación "comercial", que se supone fría y despersonalizada, basada justamente en los parámetros contrarios: la amabilidad y el hecho de conocer a la persona. Lo interesante aquí, entonces, es que la relación propia del mercado moderno entre cliente y vendedor pasa a ser una relación entre personas, es decir, no es una relación entre roles.

No obstante lo anterior, esta confianza lógicamente debe ser respondida haciendo efectivo el pago de la deuda, pues cuentas claras conservan la amistad. De otro modo, se ven perjudicadas este tipo de relaciones dentro del almacén, pudiendo desaparecer el fiado, pasando al "hoy no se fía, mañana sí".

En fin, no me extenderé más pero creo que este es un tema muy interesante, pues los almacenes de barrio, cuyo fin primario es ser un negocio y fuente de sustento económico para sus dueños, se transforma en algo que va mucho más allá y que se constituye como un verdadero hito dentro de los barrios, siendo ésta la razón, según mi parecer, que les ha permitido sobrevivir a la creciente racionalización de los mercados.

Algunos de mis animales favoritos

Aquí un post sobre una de las cosas que más me gusta en esta tierra: los animales. Bueno, aquí están 4 de los que más me gustan, por lo que he podido ver y averiguar de ellos.
 

Gato

Uno de mis animales favoritos, el gato. Siempre han habido gatos de mascota en mi familia y me gusta observar su comportamiento, muchas veces impredecible. Podría estar viéndolos jugar por horas.
Tortuga verde

Uno de los animales que me encantaría ver en vivo. Me gusta como nada, serena y majestuosa. Me da pena y rabia saber que muchas de estas tortugas mueren por confundir las bolsas plásticas con medusas, su alimento favorito. No botes basura en el mar!

Pitón reticulada

Un animal que quizá a muchos pueda no gustarles, a mí me encanta. Verla subir los árboles, tan veloz y ágil a pesar de no tener patas, es impresionante. Y su arma letal, la propia fuerza, llega a ser escalofriante.

Pingüino emperador

No puedo evitar la ternura que me evocan los pingüinos, con su caminar torpe. Me gusta cómo este animal se sobrepone a las condiciones adversas en las que vive, frío y hambre, y la gran dedicación que tiene para cuidar a sus polluelos.

viernes, 20 de abril de 2012

Chileno ¿creí que hablai mal?

Desde que tengo uso de razón he escuchado a profesores Campusanos, por aquí y por allá, afirmando que los chilenos hablamos mal y lo terrible que esto es. Sin embargo, me pregunto ¿efectivamente hablamos tan mal? Y mi respuesta no es ni positiva ni negativa: simplemente, hablamos español chileno

Pareciera que este ideario del mal hablamiento de los chilenos se ha instaurado de tal manera en nuestra sociedad, que olvidamos que es éste el que otorga gran parte de nuestra identidad. Muchos creen que ceñirse a las reglas de la RAE es lo correcto. En efecto, lo es, siempre y cuando queramos hablar una lengua carente de contexto, esto es, muerta. El lenguaje es dinámico y responde directamente a la sociedad que la habla, por lo que no podemos pretender instaurarla a la fuerza mediante un agente externo. Lógicamente, no estoy hablando aquí de una “anarquía del lenguaje”, en la medida que es necesaria cierta estructura gramatical y sintáctica para el común entendimiento entre las personas, sino que pienso más bien en aquellos regionalismos que los “grandes académicos de la lengua” –y aquellos que gustan de pensar que los chilenos hacen las cosas mal- hacen pasar por incorrecciones. 

Pongamos un par de ejemplos: el voseo verbal y la aspiración final de la s. En términos simples, el voseo verbal refiere a la conjugación de los verbos en segunda persona singular considerando el pronombre vos, fenómeno predominante en regiones como Argentina y Uruguay, y que también existe en Chile, con ciertas diferencias. Lo que en los primeros países es entendés, en Chile es entendís. A esto hay que agregarle la aspiración de la s final, por lo que que concretamente, en nuestro país, sería entendíh. Pues bien, muchas veces he escuchado aducir lo mal que hablamos argumentando con estos dos tipos de fenómeno. Pero, entonces ¿argentinos y uruguayos hablan mal también? Y la respuesta, nuevamente, es no. Cada sociedad habla diferentes modalidades de un mismo idioma, ninguno es mejor o peor que el otro ¡El lenguaje es dinámico, no es algo estático! Otra cosa es que pensemos que uno sea más “bonito”, a gusto personal, pero eso no lo hace ser “mejor” en sí mismo. 

Mientras en el país vecino consiguieron que su modalidad de conjugación fuera “reconocida”, aquí seguimos pensando que hablamos incorrectamente. Me parece que hay que dejar esa visión de lado y aceptar que somos chilenos y que, como tal, hablamos chileno, no mal.