El tema de los almacenes ha sido algo que me ha llamado siempre la atención. De hecho, debo confesar que me di cuenta que quizá sociología era mi área cuando me encontré pensando sobre el asunto, hace ya algunos años. Es más, pensaba ingenuamente en hacer mi tesis al respecto, pero bueno, no lo hice porque no sé si hubiera dado para hacer algo así y poque donde estudié tampoco había que hacer tesis, aunque un par de trabajos hice.
Los almacenes de barrio son especiales en sí mismos por varias razones. En una sociedad urbana que creientemente intenta modernizarse, muchas estructuras, instituciones, espacios, van cambiando hasta el punto de muchas de ellas desaparecer o sufrir grandes modificaciones. Sin embargo, los almacenes son unos de esos espacios que, me atrevería a decir, se mantienen casi intactos con el transcurso de las décadas, y que se mantienen vivos demostrando que el ser humano no actúa como un homo economicus, en la medida que, en general, comprar en este tipo de negocios resulta menos rentable que en los grandes comercios. Y es que en ellos se dan ciertas dinámicas propias de una comunidad, una sociedad tradicional o un pueblo, como quieran llamarlo (no voy a entrar en detalles sociológicos lateros) y que la gente atesora.
Por ejemplo, se dan relaciones de cercanía y amistad, la personas concurren al almacén no solamente a comprar, sino tambien para conversar con quien atiende, entablar una conversación y, en ocasiones, encontrarse con vecinos. El almacén, entonces, surge como un punto de encuentro donde las personas interactúan más allá de lo económico.
Por otro lado, aparece el fiado como la expresión máxima de una confianza existente en este espacio, pues se establece una relación "comercial", que se supone fría y despersonalizada, basada justamente en los parámetros contrarios: la amabilidad y el hecho de conocer a la persona. Lo interesante aquí, entonces, es que la relación propia del mercado moderno entre cliente y vendedor pasa a ser una relación entre personas, es decir, no es una relación entre roles.
No obstante lo anterior, esta confianza lógicamente debe ser respondida haciendo efectivo el pago de la deuda, pues cuentas claras conservan la amistad. De otro modo, se ven perjudicadas este tipo de relaciones dentro del almacén, pudiendo desaparecer el fiado, pasando al "hoy no se fía, mañana sí".
En fin, no me extenderé más pero creo que este es un tema muy interesante, pues los almacenes de barrio, cuyo fin primario es ser un negocio y fuente de sustento económico para sus dueños, se transforma en algo que va mucho más allá y que se constituye como un verdadero hito dentro de los barrios, siendo ésta la razón, según mi parecer, que les ha permitido sobrevivir a la creciente racionalización de los mercados.



