Roberto la vio caer tan repentinamente que no fue capaz de reaccionar a tiempo.
Cada vez que él recuerda ese momento no puede evitar sentirse estúpido una y otra vez.
Sabía que ya nada podía hacer al respecto y que las circunstancias eran distintas, pero aún así se sentía estúpido.
Las cosas pueden cambiar radicalmente de un momento a otro, era lo que siempre decía su padre, pero no fue hasta ese momento cuando la frase cobró total sentido.
Siempre que recuerda el episodio acude a su mente el grito que pareció salir desde su alma, con tanta fuerza.
Sabía que ya no había vuelta atrás y que todo había cambiado, pero aún así no podía dejar de recordar el grito.
Los amigos de Roberto siempre ríen cuando cuenta la historia de cómo su torta de matrimonio tuvo que ser improvisada un día antes de la boda.