De pronto abres los ojos y te das cuenta que las cosas sí tienen colores.
Se disponía a salir de su casa y caminar por la ruta de siempre, rumbo a la casa de su mejor amigo. Eran muy buenos estudiantes. El camino normalmente tardaba veinte minutos, tiempo perfecto para escuchar las cuatro primeras canciones del cassette de grandes éxitos latinoamericanos, que su padre había grabado de la radio. Él decía que no tenía muchos amigos, pero que los pocos que tenía, eran muy buenos amigos.
Y de pronto abres los ojos y te das cuenta que esas cosas tienen colores que no te dijeron que verías.
Ya iba caminando la última cuadra antes de llegar a la casa de su amigo, donde iban a tomar leche con chocolate y jugar súper nintendo. Hoy jugarían un juego nuevo, uno que arrendó el Fabián ayer.
Jugaron toda la tarde, hasta que oscureció, pero no importaba porque mañana no había que ir al colegio. Escucharon el cassette de grandes éxitos latinoamericanos y se pusieron a bailar en la pieza. Fue entretenido. Ambos se imaginaban cómo sería ir a una fiesta y bailar entremedio de otra gente que hace lo mismo.
Y de pronto abres los ojos y te das cuenta que esos nuevos colores son bonitos y divertidos, pero que a la mayoría de la gente le gustan los otros colores, esos que viste primero.
Sus padres le dieron permiso para dormir en la casa de su amigo. Estaba la luz apagada y conversaron toda la noche, acerca de lo que había dicho la Paula en el recreo de las once y cuarto, acerca de las canciones que estaban en el ranking del MTV esa semana, acerca de cómo se imaginaban que serían sus vidas después del colegio. Conversaron toda la noche, hasta que se dieron un beso. El primer beso de él, el segundo beso de él.
Y de pronto abres los ojos y te das cuenta que los colores que te gustan te distinguen del resto, pero que son colores hermosos.
Los compañeros del colegio supieron lo que sucedió esa noche. Fue un tema en la tabla de la reunión de apoderados. En los años siguientes, no hubo cassette de grandes éxitos latinoamericanos, ni leche con chocolate, ni juegos de súper nintendo, ni conversaciones nocturnas.
Hoy, ambos aman los colores que los distinguen y bailan en casi todas las fiestas a las que asisten.
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