Los autos son loros tricahue volando entre los árboles del bosque húmedo. Me transporto a un lugar con olores a plantas, a vida, a aventura y desconocimiento, en el que la luz del sol no llega a todos lados en forma directa. El óleo aún está fresco. Me encanta cómo la humedad de la pintura realza los colores, que destacan en un juego perfecto de luces y de sombras, que denotan que el sol no llega a todos lados en forma directa. El pintor es un maestro. Vive en una casa de madera en el bosque, donde guarda todas sus obras de arte. Una casa que huele a húmedo después de la lluvia, especialmente en aquellas partes de la madera en donde el sol no llega de forma directa. La casa es un refugio. Si te sientas en su sofá a observar a tu alrededor, puedes regocijarte con el sonido que emiten los loros tricauhe, que pasan volando entre los árboles del bosque. Y la casa es perfecta. El pintor es perfecto. El cuadro, perfecto. El bosque perfecto, los loros perfectos. Y los autos ya no se escuchan.
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