Hoy salí de mi casa y de pronto
me di cuenta que olvidé cómo leer. Los nombres de las calles, letreros, avisos,
ninguna palabra tenía sentido para mí, tan sólo eran signos carentes de
significado que se juntaban unos con otros para hacer formaciones que algo
debían querer transmitir. Palabras por todos lados durante mi trayecto, que no
supe descifrar.
Después de las letras vinieron los
colores. Colores en las casas, colores en los jardines infantiles, en la gente,
colores bajo la tarde soleada. Verde claro intenso, rosado, café, que solo pude
distinguir gracias a sus característicos sonidos, aquellos que inventé cuando
mis padres me regalaron mi primer autito, pues parece que olvidé cómo se ven
los colores.
Los números perdieron también el fin que solían tener. El reloj que llevaba en mi muñeca me señalaba 12, 9, 6, 3, haciéndome notar que algo no se detenía en su ritmo constante y que un círculo tiene la misma forma que el sol, que brillaba sobre mi cabeza y la de la niña que jugaba con su mascota.
Entonces me sentí algo extraño ahí en la calle, percatándome de mis repentinas ignorancias, pero no tuve tiempo para tratar de comprenderlo pues más me preocupaba de que cada paso siguiera indefectiblemente al otro.
La música que en un instante llegó a mis oídos, proveniente de quién sabe dónde, me hizo cerrar los ojos y darme cuenta que bailar, a diferencia de las palabras, los colores y los números, no era algo que había olvidado. Mis brazos y mis piernas comenzaron a seguir compases, compases rápidos. Bailaba.
Al abrir mis ojos, las miradas de asombro y burla del resto de la gente que ahí se encontraba, fue lo primero que detecté. “¿Qué hace un tipo bailando en una esquina, con los ojos cerrados y de esa manera?” escuché que uno de ellos, riendo, decía. Me acerqué, noté que tenía un periódico en su mano y le dije: “¿Acaso me burlo de usted porque se acuerda de cómo leer?”. Seguí caminando.
Volví a mi casa cuando el sol ya se estaba entrando. Supe cómo regresar, creo que sabré cómo volver a aprender a leer, cómo distinguir con los ojos el rojo del verde y qué número viene después del 39. Pero eso lo dejaré para mañana, hoy recuerdo cómo bailar.
Yo siempre tengo ganas de bailar en la calle... la proxima vez voy bailar y me recordaré de este conto!
ResponderEliminarJaja, de todas maneras en Brasil la cultura es bien diferente en ese sentido!
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